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PALABRAS DE ARENA

febrero 11, 2020

TESTIGO INELUDIBLE

Por: Orlando Enrique Barros García.

Desde la Cosmología y la Física se ha descrito lo que aparentemente es su diacronía, sin embargo, no se conoce evidencia cierta del inicio de su árbol genealógico.

Podemos decir que siempre ha existido, incluso, mucho antes de la palabra historia. Creemos que su aparición data desde siempre, ha vivido adherido a cuanto hecho sucede en el firmamento, es testigo silencioso de lo que acaece, viéndolo y oyéndolo todo como un convidado de piedra cuyo papel durante el recorrido transitado por los hechos en cada resquicio de lo existente, es determinar la duración de los cambios sucedidos en ellos.

Su nombre aparece en la escena universal desde las profundidades de la imaginación humana – al fragor del devenir existencial y como una manera de limitar cada espacio vivido por la humanidad.

Un día empezaron a llamarlo como lo llaman, y desde ese momento todos lo consultan, determina justicia e injusticias, lo usan para clasificar cosas, seres y  en su paso crea las tensiones y conflagraciones sociales humanas, pero también, se le considera el responsable de que la palabra historia emergiera en el firmamento cognoscitivo humano. Por él se pudo dividir cada periodo vivido por las especies en el planeta azul y saber cómo fue su existencia

Entre nosotros se ubica en tres grupos muy bien determinados a saber: el primero de ellos es el de los que tienen menos edad. Para estos Él no cuenta en sus vidas, confían en su fuerza vital para obviarlo y soslayarlo, inclusive, piensan que es algo circunstancial, sin importancia, y hasta juegan a malgastarlo.

El segundo colectivo, seres con mucha más edad que los anteriores, permanecen pendientes de Él y temen  a su paso diario, que para ellos es vertiginoso y criminalmente  exterminador. Es su enemigo natural por excelencia.

Los terceros, de avanzada edad, siempre lo observan  sin afanes y resignados a que su tránsito sea cada vez más rápido, aletargante  y depredador. Quizás lo más aterrador es que cada vez que se les aproxima  lo hace siempre terminando uno de sus periplos-  cuando indefectiblemente el final está cerca.

No sabemos cuándo apareció, no obstante- calculamos su edad como eterna, teniendo la certeza, la absoluta certeza, de que existirá allende  de todo lo existente, siempre incólume, pero dando cuenta de lo ocurrido, lo que ocurre y ocurrirá.

Es silencioso, pero su voz redunda en los sitios más recónditos; en cada fotón constitutivo de las cascadas lumínicas que surcan los firmamentos de la vía láctea. Allí donde esté sucediendo , Él  estará para registrar con precisión de relojero, la duración de cada suceso y de los cambios habidos en ellos.

La historia reciente cuenta las aventuras de un ser inerme frente a él: Stephen Hawking, quien gastó toda su existencia persiguiéndolo, siguiéndole la pista, escavando en cada rincón del pluriverso las posibles huellas dejadas por Él en su extensísimo recorrido eterno. Pero Él, parece desconoció tal hecho y continuó  caminando sereno y seguro como siempre, impávido y letal. Entre tanto – hacking se extinguía poco a poco viéndolo pasar raudo, cada vez más acelerado y letalmente depredador. Stephen logró rastrearlo a donde quiera fue –  pero finalmente sucumbió ante su paso demoledor. 

Hoy sigue ahí, como siempre y desde siempre: eterno y confeso caminante; testigo ineludible de la historia pluriversal. 

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