El Joe: un genio de la música y la poesía de todos los tiempos

01/08/2020 01:59 p.m.

Por ANGIE GARCÍA

El Joe Arroyo no solo tenía inteligencia musical sino emocional y social, ya que sabía dirigir a su equipo de trabajo; siempre pensaba en el público para que este pudiera disfrutar la música, además, no pensaba tanto en la teoría musical, sino en el sabor con el que iba a disfrutar el bailador.

Al Joe le gustaba atender muy bien a los músicos, a los cuales les recomendaba tomar vino, como un hábito para ser más productivos.

En este documental, se evidencia a un Joe transparente, espontáneo y efectivo para producir sus obras musicales.

“El gran Homero nos enseñó que la música es útil al hombre. Al querer demostrarnos que, efectivamente, sirve en numerosísimas circunstancias, nos presentó a Aquiles calmando su cólera contra Agamenón por medio de la música que le enseñara el sabio Quirón”. Pseudo Plutarco.

Con la anterior cita, se puede hacer referencia a que todo era música para el Joe Arroyo, porque todo lo relacionaba con este arte. La música del Joe es poesía y como expresión del arte, ayuda a controlar las emociones para crecer.

El Joe era una persona ilustrada, iluminada, que siempre estaba innovando para el goce de su gente. Su forma de trabajar era humana, libre y bohemia. Esta es la ilustración o luz de Kant.

Entre otras cosas, el Joe era un poeta de la música, él pensaba en entretener al bailador, sin embargo, sus letras educan y generan catarsis.

La obra del Joe representa un sinnúmero de críticas, percepciones, es decir, una persona puede ser feliz bailando con la canción “Pal bailador”, pero un intelectual puede hacer un ensayo con “Centurión de la noche”, por ejemplo; en esta canción, el Joe daba su perspectiva sobre la palabra “desvanecer”, eso indica que estaba dando un significado y por tanto, su música no es solo para bailar sino para aprender la estética, la idiosincracia… Esto hace parte del concepto de música de Boecio y Aristóteles (la música educa).

Es indiscutible que la música conduce hacia el ejercicio de la virtud como dice Pitágoras, porque el Joe era un genio. Sabía en qué momentos agregar la melodía de la trompeta, los tonos; era un arreglista, se iba a su casa a bailar la canción sintiéndose el bailador, de manera que la música pudiera conectar con esa persona.

El éxito del Joe está en su perseverancia más que en su perfeccionismo; todo lo que hizo fueron obras de arte, un gran legado que entretiene, educa, hace que uno sienta placer, genera catarsis y reconstruye memorias perdidas.

La noche era su mejor momento para trabajar, por tanto, se puede decir que, desde la estética de su obra, la iluminación se daba más en la noche que en el día.

Es una verdad que la música del Joe no se disfruta en palabras, sino bailando, cantando y sintiendo como la poesía recorre el cuerpo y la química del bailador. Muchos factores son importantes en su legado musical, como la letra de las canciones, las melodías, la coordinación de los instrumentos, sus arreglos con la voz y sus presentaciones.

Guido Arezzo dice que quien no sabe la diferencia entre músicos y cantantes es una bestia. Esta percepción es interesante porque quiere decir que los verdaderos consumidores de este arte conocen su trascendencia, los términos, la teoría, pero también el disfrute.

“Y un pasito tun tun aé y otro pasito tun tun aé y un pasito tun tun aé y otro pasito”, está bien pensado, pues el Joe era un sentipensante que no solo analizaba bien cada palabra de sus canciones, sino las sensaciones.

Todo su legado gira en torno al bailador; el Joe siempre estuvo en esa búsqueda de mejorar, innovar, transformar, fue y sigue siendo un líder; tenía responsabilidades muy grandes, hubo momentos muy difíciles en donde tenía un ‘long play’ atrasado y eso era un dolor de cabeza para él porque era una persona muy dedicada; trabajó con grandes, como dice el dicho, “se paró en hombros de gigantes” y hoy día sigue viva su música; conquistó La Arenosa con sabrosura, pero detrás de todo, hubo mucho trasnocho, pagó el precio, hacía arreglos que venían de su intuición y utilizó palabras de otros idiomas para reinventarse.

En conclusión, el Joe era un maestro que construía algo y mejor aún, se adaptaba a todo el mercado porque conocía al bailador.

La práctica, el esfuerzo, la actitud, la aptitud y la disciplina lo llevaron a ser tan grande, que a los periodistas les quedó difícil hacer buenas preguntas en las entrevistas, puesto que, él mismo se cuestionaba y se respondía.

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