Briggitte

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Por: Orlando Barros García

No sé a ciencia cierta por qué era así. La certeza de su carácter fuerte, su espíritu de libertad e independencia y la violencia que usó como fórmula para vivir, siempre fue certera, pues las evidencias no admitían discusión. Llegó a la ciudad costera donde vivíamos, muy lozana todavía. Comentan, y eso también lo sé porque me lo contaron mucho tiempo después los que la conocieron en aquella época – Un día aquella mujercita de estatura mínima, piel morena, rasgos negroides y cabello rebelde, apareció con cuatro niños a cuesta y la pobreza enjalmada como único atuendo. Se dedicaba, para ganarse la vida, a lavar ropa de otras personas y con ello ponía el pan en la mesa de sus hijos.

Pero la verdad aún hoy, no tengo explicación alguna que me permita entender cuáles fueron las razones para que Briggitte, aparentemente inofensiva, frágil, diminuta; se convirtiera en una fiera capaz de reducir a su mínima expresión a cualquiera que osara enfrentarla. La verdad, aún no lo entiendo.

Seguramente que las ciencias del comportamiento y sus disciplinas, tendrán alguna explicación, caminando allende de su historia personal, tal vez, pero lo único cierto fue que a Briggitte, todos le temían, especialmente por lo lacerante de su lengua, de la que fuimos testigos, usaba con maestría, cuando de ofender y hacer sentir mal a alguien se trataba.

Muchas veces la vi atender a más de uno, sola, y darle su merecido a cada quien, sin que aquellos pudieran doblegar su vehemencia y capacidad ofensora. Claro, hay algo que tampoco he podido entender durante todas estas décadas que Briggitte tiene de muerta. Y es cómo – aquellos a los que ofendía y convertía en sus enemigos por cualquier razón, grande o pequeña, siempre la perdonaban, porque lo que voy a narrarles lo he tenido que interpretar como un perdón y nunca lo entenderé. Y es lo que pasó muchísimas veces en la vida de esta mujer, y  era que  Briggitte, que generalmente estaba echa una fiera, de repente, porque en los cuentos siempre aparece un de repente, cambiaba de estado de ánimo de una manera inverosímil. Ello ocurría   cuando alguno de sus enemigos o familiares de estos  –  enfermaban. Esto si no me lo contaron. A mí todavía llegan las imágenes de cuando ella se internaba sin pedir permiso alguno a casa de sus enemigos e iniciaba toda una jornada de solidaridad para ayudar a quien estaba enfermo. Me parece estarla viendo, diciendo – ¡Mira Arturo, ve buscando un taxi, pero rápido mijo, que tu papá está muy mal! Eso yo aún no lo puedo entender. Y ustedes estarán pensando el por qué de Briggitte, ayudando a un enfermo de sus enemigos; cuando un día antes para agredirlos, decía de ese mismo enfermo: ¡tu papá era un ladrón, lo echaron de donde trabajaba, porque se robó un alicate y unos alambres eléctricos! Seguidamente, arremetía contra la madre de éstos diciendo: ¡y tu mamá trabajó en un cabaret de puta! Pero lo más curioso y extraordinario era que la mamá de sus enemigos, primero, le permitía la entrada a Briggitte, y segundo, obedecía las órdenes de ésta cuando entraba a dirigirlo todo para ayudar al enfermo de casa. Yo la verdad, aún no puedo entender  esto.

La vida de Briggitte transcurría siempre: entre la pelea del día, que podía ser contra cualquiera que se le atravesara en su camino, y sus preocupaciones por el estado material del lugar donde vivía. A sus hijos los crio con un régimen duro, lleno de   principios morales, y la creencia en un Dios, que pienso, y esa es una percepción que me persigue desde la última vez que la vi con vida; ella se inventó. Esto lo digo basado en algunas frases amenazantes que acostumbraba a lanzar contra cualquiera que le hubiera hecho algo. Decía por ejemplo: “¡el ánima, léase, alma, de Juancito Arregocés te tiene que salir y agarrar por el gaznate, para que me pagues lo que me hiciste!”. Eso tampoco lo pude entender nunca. Una persona creyente que amenaza a otras, con castigos que ese Dios de ella imponía para vengar alguna ofensa por parte de sus enemigos. Explíquenme, porque no entiendo.

Sin embargo, así era Briggitte, un compendio de contrasentidos, absurdos, pero totalmente humanos. Creo que en Briggitte,  se evidenciaba todo de lo que el alma humana está hecha. En ella  las miserias humanas estaban a flor de piel, pues nunca las ocultó, siempre fue de frente en lo que acometía. Allí ustedes podrían decirme que Briggitte no tenía nada bueno. Pero fíjense que no. Precisamente, cuando digo que siempre iba de frente, entonces no sólo desnudaba, por la forma, más que por el fondo, un defecto comportamental, pues usaba la violencia como vía para su sinceridad. Sino, que mostraba, además, claramente una virtud, la sinceridad; aunque ello le costara un disgusto con ella misma. A Briggitte desde que yo me acuerdo, creo que media ciudad donde vivió casi toda su existencia, la odió, pero esa misma media ciudad, la respetó y perdonó, porque todo lo que agredía y dejaba marchito con su verborrea virulenta, después lo tocaba suavemente, lo acariciaba con su actitud, cuando llegaba al rescate de ese todo que minutos, horas o días antes, había atacado con fiereza y determinación. Por ello es que insisto: que alguien me ayude a entender esto, porque aún hoy no lo entiendo. Es tan cierto eso de que media ciudad la odió, y de igual forma la perdonó, que quién descubrió – preocupada por no haberla visto trasteando en su casa, ya anciana, y achacosa, fue una de sus más acérrimas enemigas, en quien Briggitte descargó los más letales epítetos, lo mismo que contra los hijos de aquella. Y sin embargo, alertada alguna tarde por no haber visto ni sentido a Briggitte, quien fiel a su espíritu libertario e independiente vivía sola, muy a pesar de que sus hijos le insistían viviera con ellos, aquella enemiga de toda la vida dio aviso para que entraran a la casa a ver qué ocurría con la temible Briggitte. Cuando por fin lograron entrar: la encontraron acostada – con la mirada perdida y un hilo de sangre que se asomaba por su pequeña boca.  De esa manera terminó la historia de Briggitte, incomprensible e incomprendida quizás, pero lo cierto fue que ella se convirtió en todo un personaje, tanto y a tal punto, que su historia ha sido oportuna y pertinente para elaborar este cuento. Que alguien me explique, por favor.